
Si nunca en tu vida has notado un cambio en el rostro de un enfermo de Alzheimer al escuchar la canción preferida de su juventud, no sabes lo que te has perdido. Pocas experiencias en la vida son tan gratificantes como compartir la emoción de la música con nuestras personas mayores, cantar con ellas, bailar con ellas, abrazarlas y besarlas, gozar y llorar con ellas…
Los efectos devastadores de estas dolencias pasan, en la mayoría, por la pérdida de memoria, deterioro generalizado con déficit en el lenguaje, atención, razonamiento, etc. con las sucesivas consecuencias en el menoscabo de la calidad de vida. Aparecen también efectos como la inquietud, agresividad, nerviosismo, golpes, ansiedad, gritos, falta de atención, depresión, ecolalia, etc.
Durante la aplicación de esta terapia, las personas mayores logran, según el grado de demencia, seguir las canciones, recordarlas, cantarlas o tararearlas, mover los brazos, bailar e, incluso, dependiendo de los casos, caminar. Está claro que se trabajan muchos aspectos motrices y cognitivos. Los objetivos, entre otros, serán:
- Incentivar los recuerdos.
- Reducir el estrés, la ansiedad, la depresión, el dolor…
- Estimular y mejorar el estado físico en general: presión arterial, frecuencia cardíaca, etc.
- Promover y estimular la atención y otras funciones cognitivas.
- Según los casos, estimular, animar o tranquilizar al paciente, etc.
Gracias a la música, las personas mayores estimulan la memoria y el cuerpo; y toda esta estimulación conlleva una mejora de sus capacidades motoras y, por lo tanto, también una mejora de sus habilidades verbales.